Los expertos predicen que los drones (aviones no tripulados) controlados por el cerebro de los operadores requerirían aún menos esfuerzo que los juegos infantiles. Como explica Borís Boyárshinov, citado por rbc.ru, cuando la persona ve alguna imagen, la señal se dirige al cerebro, que la interpreta de acuerdo a la percepción del mundo. Esta interpretación luego es leída y la orden correspondiente se dirige al aparato volador por radio o por un canal óptico.