Los científicos que lo han logrado, de la Universidad de Bristol, Reino Unido, también han utilizado el mismo chip para medir el efecto mezcla, un efecto ambiental frecuentemente no deseado, pero que es un fenómeno que ahora puede ser controlado y aprovechado para caracterizar los circuitos cuánticos. Además, el efecto mezcla resulta de gran interés para los físicos.